La distracción, sin juicios de valor

"No te distraigas" - todos los educadores del mundo.

O también, “presta atención”. Esas son las dos frases que, equivocadamente, se utilizan de manera intercambiable en el trabajo y en los salones de clases.


Esta es la primera entrega de una serie de publicaciones que realizaré sobre la atención. Antes de leer, te invito a realizar una pequeña reflexión:

  • ¿Qué actividad realizabas antes de comenzar a leer este artículo?

  • ¿Por qué decidiste interrumpir esa actividad para comenzar a leer este artículo?

  • ¿Qué actividad planeas realizar al terminar a leer este artículo?

La atención es esa habilidad que poseemos los organismos con sistemas nerviosos complejos para tomar posesión de nuestras mentes. Como verás más adelante en la serie, la atención comprende un conjunto de habilidades que varían en su nivel de desarrollo; influyendo de una manera ‘injusta’ las circunstancias que a cada quién le ‘tocó vivir’. Así que si eres de esas personas que necesita que se lo digan: presta atención a lo siguiente.


En todo momento, gracias a tu atención, tu mente está al servicio de una actividad específica. Utilizaré la actividad que realizas en este momento - leer un artículo sobre la atención - para ilustrar los siguientes puntos. Los principios aplican para cualquier actividad realizada de manera consciente o inconsciente.


La distracción no es ni buena ni mala


La distracción es simplemente una propiedad necesaria de la mente. Es una interferencia constante en la atención que se ocasiona a través de dos medios:


a) Medio externo. Cualquier señal del entorno recibida a través de tus sentidos tiene el potencial de interferir con tu habilidad de mantener tu atención en leer este artículo — un aroma, un sonido, una perturbación en tu campo visual, un estímulo a tu sentido del tacto. Tu capacidad de percepción es una fuente de distracción.


b) Medio interno. Tus pensamientos y emociones también tienen el potencial de interferir con tu habilidad de mantener tu atención y terminar de leer este artículo — la racionalización de una percepción, de una conducta propia o ajena, de un evento sucedido o imaginado; cualquier emoción que recorra tu cuerpo.


Si continúas leyendo esto, seguramente tu atención logró desviar los diferentes estímulos — distractores — que han llegado hasta ti de medios externos e internos. Y puede ser que ni siquiera hayas caído en cuenta que estos estímulos llegaron a ti.


Podrás ver que el potencial de distracción siempre estará ahí. Tienes cierto control en limitar los distractores provenientes del medio externo — pero no puedes escapar de tus pensamientos o emociones.


Y qué bueno que tu mente siempre está abierta a distraerse, porque, en ocasiones la distracción tiene el potencial de interrumpir la realización de tus actividades, para enfocar tu atención en otras que pueden parecer más importantes (no siempre lo son).

Una interrupción sucederá o no, dependiendo de la intensidad de tu atención, la relevancia de la actividad que realizas y la relevancia que sugieren los distractores que experimentas; la posibilidad de que dejes de leer esto para realizar una actividad ‘más importante’ siempre estará ahí.


Interrumpir lo que estás haciendo es ceder a un distractor


Habrá muchas personas que comenzarán a leer este artículo y no lo terminarán. Invariablemente, algún distractor fue lo suficientemente fuerte para interrumpir la actividad que ‘decidieron’ hacer. Considera los siguientes escenarios de interrupciones:


a) Percibes un aroma a quemado. Dejas de leer y te diriges a investigar qué ocasiona ese olor. Una distractor del medio externo te provocó priorizar tu integridad física.


b) Tu smartwatch te avisa que es momento de moverte (tu lo programaste a esa hora). Mientras caminas, miras tu celular y te olvidas que estabas leyendo un artículo sobre la distracción. No vuelves. Un distractor diseñado por ti interrumpió tu lectura y este abrió la posibilidad a otros distractores que provocaron que no terminaras tu lectura.


c) Leíste el primer párrafo y consideraste que no valía la pena terminar de leer este artículo. Un pensamiento te hizo priorizar otra actividad, tal vez volver a la actividad que estabas realizando antes.




Las interrupciones, sin juicios de valor


Si realizaste la reflexión al inicio del artículo, seguramente ya te habrás dado cuenta que si estás leyendo este artículo es porque uno o más distractores fueron lo suficientemente fuertes para interrumpir tu actividad previa.


Se necesita de sólo un poco de imaginación para identificar diferentes escenarios donde un mismo distractor desencadene consecuencias positivas o negativas. La realidad es que el beneficio o agravio de una interrupción solamente puede ser juzgada en el corto plazo. Una interrupción puede sentar las bases para experimentar tragedias o serendipias; porque gracias a ella, nacerán nuevas distracciones con el potencial de ser nuevas interrupciones.


Te contaré más adelante cómo la frecuencia, duración, dirección e intencionalidad de las interrupciones pueden reforzar o mermar los resultados deseados de los cientos de actividades que realizas durante el día.


Eres quien eres y estás donde estás en cierta medida por las decisiones que tomas. Y tus decisiones son influenciadas en cierta medida por tu habilidad de gestionar el potencial de interrupción de tus distracciones. ¿Realmente debemos seguir el consejo de nuestros maestros y aspirar a “no distraernos”? O más bien, ¿debemos aprender a prestar atención a nuestros distractores y desarrollar herramientas para desecharlos o aprovecharlos?


Te agradezco tu atención.


Si la distracción que te trajo hasta aquí valió la pena, te invito a distraer a más gente compartiendo este artículo en tu red social preferida.

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Takeaways

  • La distracción es una propiedad de la mente que influye tu toma de decisiones. La distracción no es la ausencia de atención.

  • El potencial de distracción de la mente siempre está presente gracias a estímulos del medio externo e interno.

  • Puedes limitar tus distractores al modificar el entorno, pero no se pueden eliminar por completo.

  • Un distractor tiene el potencial de interrumpir una actividad. Cuando lo hace, se generan las circunstancias para la aparición de nuevos distractores, los cuales no necesariamente se hubieran manifestado en actividades previas.

  • Juzgar un distractor o una interrupción como ‘buena’ o ‘mala’ ignora el desencadenamiento de nuevos distractores con el potencial de desencadenar eventos ‘mejores’ o ‘peores’.

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